Escrito por: Miguel Ballumbrosio Guadalupe
Este mes, mis queridos amigos, no es un mes cualquiera en el calendario. Es un período sagrado, un tiempo para la reflexión, la celebración y el reconocimiento profundo. Es el Mes de la Cultura Afroperuana, y con él, la oportunidad de honrar una historia vibrante, resiliente y fundamental para el tejido de nuestra nación.
Soy Miguel Ballumbrosio Guadalupe, y creo fervientemente que soy una conexión viva en una cadena ininterrumpida de tradición y resistencia. Docente con vocación, tanto en las aulas escolares como universitarias, mi vida ha estado intrínsecamente ligada a la riqueza de mi herencia. Soy zapateador del Atajo de Negritos de Amador Ballumbrosio, un colectivo que no solo baila, sino que narra con cada paso la memoria de nuestros ancestros. Me considero un cultor incansable de la tradición afroperuana, un guardián de sus ritmos, sus cantos y sus historias.
Con dedicación, después de un largo periodo en Francia, junto a mi esposa fundé el Centro Cultural Amador Ballumbrosio en El Carmen, en la Provincia de Chincha. Este centro no es solo un edificio con los cajones más grandes del Perú; sino lucha por ser un faro de identidad, un espacio donde la cultura afroperuana respira y se renueva. Además de mi labor como gestor cultural, me sumerjo en múltiples expresiones de nuestra riqueza: soy músico, zapateador, escritor, fabricante de cajones peruanos instrumento emblemático de nuestra música. Cada uno de estos oficios es una faceta más de mi compromiso con la difusión y preservación de lo que somos.
Sembrando Identidad: Nuestra labor
Mi propósito al compartir estas palabras es abrirles las puertas del Centro Cultural Amador Ballumbrosio y mostrarles el trabajo apasionado que realizamos día a día. Nuestra misión es clara y poderosa: fomentar la diversidad cultural que existe en nuestro Perú, una nación bendecida con múltiples herencias que se entrelazan y enriquecen mutuamente. En particular, nos dedicamos a reafirmar y realzar nuestra identidad carmelitana, esa esencia única que emana de El Carmen, Chincha, en el «sur chico» de nuestro país. Aquí, en este pedazo de tierra fértil y vibrante, es donde late la verdadera historia de nuestra lucha por ser libres, donde el eco de los tambores aún resuena con los gritos de justicia y esperanza.
Este mes nos invita, con una fuerza ineludible, a afirmar ese orgullo, a abrazar ese amor incondicional y a profesar el respeto y la admiración más profundos que le debemos a todas esas personas Afrodescendientes que nos precedieron. Son ellos quienes, con valentía y determinación inquebrantables, han custodiado sus costumbres, sus tradiciones y su identidad a lo largo de siglos. Su lucha ha sido una epopeya silenciosa, un acto de resistencia cultural que ha permitido que un legado invaluable llegue hasta nosotros.
En esta era de tecnología e información, donde la globalización a veces amenaza con desdibujar las fronteras culturales, es más vital que nunca que nuestra identidad afroperuana no sea quebrantada, sino fortalecida. Es imperativo que las nuevas generaciones, y el mundo entero, puedan conocer la historia de aquellos esclavos que, con su sangre, sudor y lágrimas, no solo liberaron a un pueblo, sino que forjaron una herencia, una dirección y una sangre propia que hoy corre por nuestras venas.
Un Grito de Orgullo: La Diversidad que Nos Define
Me siento orgulloso de ser afrodescendiente, de llevar en mi piel la historia de resiliencia y el don del ritmo. Me siento orgulloso de estar en un país tan diverso como el Perú, una nación donde la convivencia de culturas ha forjado una identidad única y compleja. Soy orgulloso de ser peruano, con todas las contradicciones y grandezas que eso implica.
Somos únicos en nuestra cultura, en nuestra tradición, en la singularidad de nuestra descendencia. Somos el resultado de un encuentro cultural extraordinario, esa confluencia entre lo Afro y lo Andino, que ha enriquecido a nuestra nación de formas inimaginables. Desde los ritmos que nos hacen mover el cuerpo hasta las palabras que pronunciamos, desde los sabores de nuestra cocina hasta los colores de nuestras vestimentas, esta fusión ha creado una identidad peruana que no puede entenderse sin la huella africana.
Estoy orgulloso de haber nacido en esta tierra que me ha visto crecer, y aún más orgulloso de que mis ancestros sean africanos. Ellos no fueron solo víctimas; fueron constructores, innovadores, artistas, agricultores y guardianes de una sabiduría ancestral que sigue guiándonos.
Yana Runa: El Encuentro que Nos Hizo Libres
La historia de los Yana Runa, como se conocía a nuestros antepasados africanos en el Perú, es la crónica de un encuentro racial y cultural que, a pesar de sus inicios forzados, se convirtió en la semilla de nuestra libertad. Gracias a esa unión, a esa resistencia, a esa capacidad de mezcla de culturas y adaptación, el Perú es hoy un país libre, vibrante y complejo. La herencia afroperuana no es un apéndice de nuestra historia; es una arteria vital que bombea vida y autenticidad a cada rincón de nuestra nación.



