Conceptos visuales de libertad democrática y derechos humanos fundamentales

Libertad y democracia: dos conceptos no excluyentes

Escrito por: Magnolia Cabrera

Integrante de Somos Ciudadanía.

La libertad y la democracia son pilares fundamentales para el desarrollo de sociedades justas e inclusivas. La libertad garantiza a las personas la capacidad de actuar, pensar y expresarse sin restricciones arbitrarias, mientras que la democracia establece un sistema de gobierno basado en la participación ciudadana, el respeto por los derechos humanos y la igualdad ante la ley. Juntas, constituyen un marco esencial para promover el bienestar común, fomentar la diversidad y construir sociedades donde prevalezcan la justicia y la equidad.

La conexión entre ambos conceptos, aunque diversos en sus implicancias, se define por una creciente interdependencia y complementariedad. En este sentido, concebir la libertad fuera de un marco institucional de carácter democrático, o imaginar la democracia sin un nivel mínimo de libertades que la sustenten, diluye en gran medida cualquier defensa de los valores de la civilización y la modernidad. Esto se debe a que tanto la libertad como la democracia son puntos de referencia para todo individuo y sociedad en la constitución y expresión de sus acciones más elementales. 

Vivir en libertad implica cualidades básicas que la diferencian de otros valores. Un individuo libre persigue la felicidad, la superación personal, la utilidad, el beneficio individual y la mejoría de la sociedad. La libertad se inserta en el espectro social, político y cultural, y en cada uno de estos ámbitos se priorizan las cualidades mencionadas, siempre respetando los derechos y aspiraciones de los demás.

Como cualquier fuerza natural, la libertad requiere ser orientada mediante mecanismos convencionales que surgen de la coexistencia humana. Si bien la libertad es la capacidad de actuación sin obstáculos inherente a cada individuo y a las diversas instancias de la sociedad, debe ser guiada por principios rectores que fortalezcan su dimensión ética. En este sentido, la democracia actúa como un mecanismo organizativo que asegura la armonía entre la libertad individual y el bien común, permitiendo decisiones justas y equitativas.

En base a ello, la democracia debe cumplir con dos tareas fundamentales: dar proyección y viabilidad a las libertades individuales, y convertirse en la expresión de una voluntad común. Esto implica reconocerse como una nueva forma de libertad que surge de la integración y cooperación de grupos con intereses diversos dentro de un sistema determinado.

Es crucial que la libertad allane el camino hacia la democracia, facilitando la construcción de un sentido común en el que los individuos decidan asociarse bajo prácticas consideradas viables y beneficiosas. Ni la libertad ni la democracia pueden ser sacrificadas en nombre de “razones superiores de Estado”. Cuando esto ocurre, resulta evidente que un gobierno carente de libertad y democracia no es sostenible a largo plazo.

En la actualidad, nuestra lucha por la libertad y la democracia sigue siendo un desafío vigente. Es fundamental reconocer que no todos los argumentos a favor de la libertad o la democracia pueden materializarse si no se cuenta con instituciones sólidas y eficientes, o si las personas no están convencidas de que pueden actuar dentro de las normas y regulaciones de sus propias sociedades. Por tanto, es necesario reconocer que esta es una de las debilidades intrínsecas de estos conceptos. En consecuencia, nuestra labor debe centrarse en el fortalecimiento de las instituciones y en garantizar que los individuos gocen de igualdad ante la ley. Solo así, tanto la libertad como la democracia dejarán de percibirse como conceptos excluyentes y al margen de la realidad.